Salí de casa para hacer algo de senderismo que, según la ciencia, es el mejor deporte, el más sano, a todas las edades. Me apetecía mucho volver al Parque Natural de la Sierra de las Nieves, que hacía varios años que no me lo visitaba. Salí hacia Yunquera, desayuné en esa preciosa localidad y cogí el camino para ir al pinsapar. En el Puerto Sauquillo dejé el coche, y tomé el camino. Ya bajo los pinsapos, dejé el sendero y me interné en la arboleda. Allí aún se puede ver cómo se sentían los primeros hombres que pisaron esas tierras. Con cada paso que daba me emocionaba con las percepciones que me llegaban del pinsapar. Mis sentidos entraron en resonancia con el bosque. El primero fue el oído. Cerré los ojos un segundo y me concentré en lo que percibía por ellos. Escuché la música del pinsapar. El viento en las ramas y hojas componen la base melódica. Mis pasos sobre el barro y la retama seca hacen los tonos bajos de la batería. Los trinos que en la ciudad no se llegan a oí...
Mis pinitos (un poco raquíticos) como escritor